Tan pronto como se conoció la propuesta, las opiniones al respecto no se hicieron esperar. Para Monseñor Juan Córdoba, secretario de la Conferencia Episcopal, es inconveniente que se repartan estas píldoras.
“La Iglesia en su apreciación moral no la acepta porque sencillamente es una píldora abortiva, ataca directamente al embrión, me parece muy delicado que se estén repartiendo píldoras abortivas para que las niñas tengan relaciones sexuales, es decirle vayan tranquilas, tengan sus relaciones y no se preocupen, matamos al embrión”, dijo el religioso.
Pero más allá de opiniones religiosas, la realidad es que el problema del embarazo adolescente en Colombia es cada vez más grave. Las consecuencias nefastas de este fenómeno son muchas pero dos son particularmente graves. Primero, porque un embarazo puede representar riesgos en la salud de las menores. Segundo, porque perpetúa la pobreza de las adolescentes, pues la mayoría de las que quedan embarazadas pertenecen a bajos estratos socioeconómicos.
Cuando una mujer menor de 19 años queda embarazada, están en alto riesgo de muerte ella y el feto por enfermedades como hipertensión, alteraciones nutricionales, anemia, infección urinaria y bajo peso del recién nacido.
Además, los hijos de las madres adolescentes son más susceptibles de contraer enfermedades infecciosas durante los primeros 12 meses de vida lo que representa un alto riesgo de muerte.
Según ha registrado Profamilia en sus informes sobre embarazo de adolescentes, “a través del control prenatal, la joven puede detectar riesgos y prevenir enfermedades. Sin embargo, las adolescentes y jóvenes suelen empezar este control cuando el embarazo está avanzado, lo cual impide un tratamiento temprano de algunas enfermedades o afecciones”.
Socialmente, las repercusiones de un embarazo prematuro se convierten también en un problema porque las adolescentes se ven obligadas a dejar sus estudios por falta de dinero, para atender al bebé, por vergüenza o por presión de las directivas de las escuelas y de la familia.
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Estoy totalmente de acuerdo de la distribución gratuita de esta pildora entre las jóvenes adolescentes de los estratos mencionados, como parte de un proceso de educación sexual integral, desde el prescolar debería existir unas politicas públicas claras al respecto. La idea no es sólo entregar las pastillitas, sino preparar a nuestra niñez para tener una vida sexual plena y responsable.
ResponderEliminarMe parecen exagerados lo comentarios del Procurador y de la iglesia, sobre el supuesto asesinato de unos seres que aún no se han formados y que, en la mayoria de los casos, si llegan a formarse y salir, vendrían a este mundo a morirse y a sufrir lo implacable del hambre, la miseria y la exclusión.
Martín López González